
Esta pregunta ronda mi cabeza todo el tiempo y la contestación a veces me parece un simple “sí”, pero cuando intento meterle al reggaetón vienen a mi mente pensamientos del tipo: “Welmo, no seas ridículo. ¿Cómo te vas a enfangar de esa forma?” o “Acuérdate que vas a tener que rimar como riman ellos”.
Por estos ataques mentales es que escribo esta reflexión, pues quiero saber si para mí puede ser un simple paso tomar la decisión. ¿Será tan sencillo como pedirle al DJ un cambio de beat? Quizás ése es mi problema: que mi amor por el hip hop y la construcción de patrones de rimas provocantes no van de la mano con las fórmulas de la industria musical y su búsqueda del próximo clon de Calle 13 o Wisín & Yandel.
Mis primeras grabaciones las logré gracias a mi pana K.I.D. en un cuarto bastante pequeño allá en Barrio Obrero para 1993 donde apagábamos la luz para crear una atmósfera de seriedad y rudeza. Siempre mi selección de beats ha sido bien visceral. Al día de hoy me identifico con patrones percusivos que definitivamente no serían catalogados como hip hop según los puristas del Santo Vinyl. Luego que sonara el dancehall jamaiquino en los Top 20 de emisoras como X-100, I-96 y KQ 105 a principios de los noventa y gracias a los DJs de parties de marquesina (los verdaderos responsables de regar la música de forma subterránea) la historia sería diferente. Las voces jamaiquinas fueron desplazadas por las panameñas y luego por las boricuas: ¡Oh shit! ¡Llegó el underground!¿Y qué hacía yo musicalmente durante estos años del underground? Pues yo estaba escribiendo para mí, emocionado porque había encontrado un canvas musical para experimentar mi dropping science o dripping science a lo Pollock. Horas y horas de escritura, recitación y memorización, acompañado de mi mighty beatbox o rapeando sobre canciones de otros raperos. Para este tiempo (1995) ya había entrado a la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras) y entre clase y clase o si la clase era un suero e’ brea le sometía a la lírica. Todo era motivo pa’l liriqueo, recuerdo un coro que decía:
Aquí me encuentro solo y feliz
Desde Barrio Obrero viajo a la Iupí
Con mi socio Angel Suárez, Raúl y David
No brincamos los portones, tenemos ID (1995)
Este texto surgió después de observar durante mi primer semestre en la universidad, los pocos negros y negras que habían por el campus. ¿A dónde iban cuando se graduaban de escuela superior? “Ay Welmo, deja el drama si aquí en la isla todos somos boricuas.” La nueva información que me llegaba a través de los textos devorados en la Facultad de Ciencias Sociales me sirvieron de base para la creación de líricas donde pretendía explicarme las cosas que pasaban a mi alrededor en relación con el barrio, mi negritud, el amor etc. Era una manera de llevar la información académica a la calle.
El sol aún no sale y la alarma sicodélica
Se clava en mis tímpanos diciendo: ¡Es lunes!
Mi mente sólo piensa en sudor y los afanes
ALERTA COMO FUNES
Atrás quedan mis planes
Mis manos no responden a estímulos neurales
Sino que sólo siguen los marcados patrones
Que dan la eternidad a la cadena de ensamblaje (1997)
A partir del último intento de censura por parte del estado y su Jinete del Apocalipsis, la Senadora Velda González en el 2001, el perreo “sacó su colita al aire”. El beat del underground bajó de tempo y los raperos comenzaron a cambiar las líricas. La nota del barrio y caserío que tanto asustó al estado cuando salió de su espacio de origen, fue suavizándose para poder aprovechar la promoción de los mismos que iniciaron la cacería. El perreo soltó lo transgresor para poder entrar de lleno al baile convocado por el mercado musical que años atrás señalaba el género como uno de cacos y para cacos. La carga clasista del término fue chupada como grasa en una liposucción y de ahora en adelante ser caco sería cool.

Poco a poco los cuerpos femeninos macizos de alta concentración de melanina fueron sustituidos por modelos de pasarela que a veces daban la sensación de haber sido contratadas en una agencia de modelaje. Era una nueva estética de cuerpos flacos, una estética que mezclaba lo blanquito fashion con lo stripper dominatrix. Poco a poco el barrio desaparecía de los vídeos y aparecía la discoteca o el estudio fotográfico como espacio neutro donde podían entremezclarse las clases sociales y perrear por lo menos hasta que cada cual volviera a su realidad particular.
Y no es que descarte el reggaetón: si hasta me paré del mueble cuando vi la presentación de la canción “Quítate Tú Pa Ponerme Yo” del corillo de Los Doce Discípulos en los Grammy Latinos del 2005. Este fue un momento especial, pues sentí una especie de conexión con los raperos y las imágenes de los salseros que llevaban en las camisas. A parte de ese corte y unos 5 raperos más, lo demás es relleno. Cuando algún corte de reggaetón roba mi atención es porque el rapero hizo un juego de palabras distinto de lo que acostumbran hacer y en combinación a un beat que, aunque utilice el mismo patrón percusivo de siempre, sus sampleos están estructurados más hacia una producción de un beat de hip hop, por ejemplo, “Guasa, Guasa” de Tego Calderón o “No tiene novio” de Ñejo.
La bandera musical que nos “representa” y a la cual hacen referencia algunos reporteros ondea a media asta. Mucho frostin, poca sustancia. La palabra reggaetón ya no suena como la última soda del desierto. Hoy se habla de música urbana. Este término responde a un sancocho de ritmos que incluye música disco, electrónica, house y demás patrones percusivos sobre el cual muchos raperos tiran la lírica o hacen alardes de sus dotes de romanticones sufridos. No olvidemos añadir una cumbia o bachata para el orgullo latino-caribeño. Si quieres adentrarte en el maravilloso espacio de la música urbana, deja atrás los mahones anchos y la actitud furiosa. Para lograr el respeto en la calle tira algo que te posicione con los soldados del calibre indomable, pero a la hora de entrar a las ondas radiales: sufre el despecho de la amada, adopta una voz pausada al principio del track donde explicas que todo amor llega a su final mientras los violines que te acompañan establecen la atmósfera y luego rompes con ¡woooouwooo!
Estoy seguro de que el reggaetón cubrió un espacio que todavía en el hip hop más underground está reservado solo para b-boys y b-girls: el espacio del baile. Entiendo que hay que tirar pa los pies. No siempre me identifico con la vibra del hip hop anglosajón y no puedo negar que el dembow hipnotiza. Y en la mayoría de los casos hipnotiza hasta que comienzan a rapear, en ese momento es que cambio de emisora. Si hacer reggaetón sugiere esa vagancia que percibo en la composición de rimas, seguiré del lado de acá, del lado del hip hop, a mi manera.
¿Del hip hop al reggaetón un paso es?
Si fuera tan fácil ¿porque tanto stress?
#1:ni tan hipnotizante es el dembow y tampoco a un paso de distancia mas bien un muro mas grande del que habia en Berlin separa al hiphop del regueton y le recuerdo a Welmo que rapero es el que rapea a diferencia de lo que sucede en el regueton que eso que se parece al rapeo es otro invento mas para que el genero no muera al igual que fusionarlo con merengue,bachata y techno ademas de refrescar dicho genero llamandole musica urbana y todo esto sucede en los medios para que siempre parezca que se esta hablando de algo nuevo y evolucionado pero mismo perro con diferente collar y dicho sea de paso el regueton surge como respuesta al dancehall jamaiquino y al regue panameno no como respuesta al hip hop como se quiere hacer ver.
#2:lo de las liricas mi hermano jamas se podra cuajar un tema social sobre un ritmo sensual es como si Ruben Blades cantara "Pablo Pueblo" sobre un arreglo de Lambada..si yo soy un "purista del Vinyl"y por eso se que el hiphop se puede fusional con casi todos los generos existentes como el jazz,musica popular de los 70,bolero,bomba,etc. pero al final tiene que sonar hiphop como quiera.
#3:con respeto y sin despresio yo creo que Welmo a querido brincar el charco pero si su propuesta no la hace en el regueton sabe que no podra volver a lo que se supone sea su escena..